¡Sorpresa!, Confesiones

UN REGALO PARA SU MAESTRA

junio 18, 2017

No sé porque quise ser maestra. Sé que me encantaba estar con los niños. Y que cuando me preguntaban que quería ser de mayor, tenía dos respuestas. Abogada como mi madre y mamá, tenía muy claro que quería ser mamá.

Siempre se me dieron bien los niños. Y estar con ellos me hacía feliz. Cuando pasé mi rebelde adolescencia (fui muy puñetera) no me apetecía estudiar. Pero en casa la norma era muy clara, siempre decían que estudiara lo que quisiera pero que estudiara algo. Recuerdo la frase “si tú cumples con tus obligaciones, nosotros cumpliremos con tus derechos” como si fuera ayer. Así que, pensé en algo que me hiciera feliz y elegí Magisterio. Lo que yo no sabía en aquel momento es que iba a enamorarme de la Educación, que enseñar sería mi vocación y que el bienestar de los niños siempre, siempre, siempre, iba a estar entre mis prioridades.

Empecé a trabajar y me di de bruces contra la realidad pues lo que había aprendido me parecía muy poco para el papel tan importante que tenía. Pues les estaba entregando la base de lo que sería toda su vida. Los cimientos. Y sentía que cojeaba en algunos pilares. Entonces, decidí hacer dos posgrados; Especialista en Psicomotricidad y Terapeuta Psicomotriz.

Y mi amor por la educación se volvió loco, intenso.

Me encontré con muchos centros distintos en los años que llevo paseando por los diferentes coles. Recuerdo a todas y cada una de las maestras que dejaron huella en mi, a todas las compañeras de las que aprendí algo.

Hay algo triste y bonito cuando acabas un curso escolar. Si miras atrás piensas en cómo tu acción ha ayudado a esos niños. Durante 9 meses has pasado más horas con ellos que sus propios padres (así es nuestra maravillosa conciliación). Es imposible no quererlos. Te has reído, te has enfadado, te has emocionado, te has preocupado, te has tirado de los pelos… has vivido muy intensamente 9 meses con esos peques.

Cada curso con ellos es un master más a tu currículum. Ellos te enseñan todos los días y tu has de reajustarte constantemente a lo que te ha tocado ese año.

Ahora soy yo la que dejo a mi hijo en el parvulario. Y al final, en lo único que pienso es “que lo quiera como he querido yo”.

Cuando llegamos al cole y veo cómo se acurruca en sus brazos mientras la mira con pillería, respiro tranquila. Porque se que L no se ha adaptado al cole, va por resignación. Sin embargo, cuando veo a L con su profe pienso “estos dos se quieren” y de momento, eso me basta.

UN REGALO PARA SU MAESTRA

Quería hacerle un regalo para su maestra . Algo que lo fuera a usar, que además L pudiera participar en su elaboración, que nos recordara, que fuera bonito y que no fuera caro.

Últimamente veo regalos desproporcionados, materiales. Si cada familia pone 10 euros y hay 30 niños, echad las cuentas. Excesivo.

Y como maestra os digo que no hay comparación en recibir algo donde el alumno ha dejado su rastro. Donde 10 años después, sigues usando casi todos los días, mientras recuerdas esa carita inocente, esa sonrisa pícara y esos ojos de amor absoluto. Algo que deje huella, como la ha dejado ella con nosotros.

Esta actividad ya la hicimos hace tiempo. Os cuento como se hacía en el Post Un regalo bonito para el día del padre.

Esta vez el dibujo es mucho más evolucionado 😉

¿Que opinais de los regalos para los profes?

¡Nos vemos en Instagram!

Besos y habitas

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